viernes, 13 de diciembre de 2013

Quando el Rey Nimrod









Quando el Rey Nimrod al campo salía

mirava en el cielo y en la estrellería

vido una luz santa en la Judería

que havía de nascer Abraham Avinu “


Canción popular sefardí





León miraba desde la pequeña ventana de la buhardilla el ir y venir de los que paseaban por la ribera del Mijacka. Fumaba mientras, absorto en sus pensamientos, la brisa de vez en cuando acariciaba su rostro para recordarle que no estaba solo. Detrás de él, una mesa llena de papeles manuscritos le urgía a terminar esa parte de la vida que llevaba tanto tiempo escribiendo. Con la última exhalación azulada tomó la última hoja escrita, la leyó en voz alta y tras un instante, sonrió.

Palpó la anarquía de papeles buscando algo con qué escribir. Encontró un maltratado lápiz con marcas de dientes y puso punto y final a años de insegura escritura... Encendió su menorah y, tras sonreír, volvió a la pequeña ventana a ver como el agua del rió seguía fluyendo...










miércoles, 11 de diciembre de 2013

Lo infraordinario VII. De australianos, sísifos y ulises ibéricos






Si hubiera nacido en Australia quizás no sintiera necesidad de escribir esto. Quizás, y sólo quizás, me preocupara la caza ilegal de canguros o los devastadores incendios que asolan este gran país en verano. Como australiano de pro, resultado del mestizaje de convictos, ovejas, señoras prostitutas, vacas, asiáticos, europeos y demás nacionalidades que llegaron aquí, viviría en una sociedad asimilada, sin raíces claras, medianamente civilizada y bastante estable. Trabajaría de 9 a 5 de la tarde, tendría un par de chiquillos, algún que otro divorcio a mis espaldas y los fines de semana nos iríamos en familia a hacer surf, pesca submarina o a disfrutar de la naturaleza en estado puro. Tendría un plan de pensiones para jubilarme a los 60 años y cuando los chicos fueran mayores como para coger una mochila y marcharse de casa, mi vida se volvería algo más aburrida. Llegado a la ancianidad, vivía en una residencia esperando una postal por navidad y una muerte rápida, indolora y civilizada.





Si hubiera nacido en España quizás sintiera necesidad de escribir esto. Quizás, y sólo quizás, me preocuparía como llegar a fin de mes, encontrar un empleo medianamente decente y sentiría miedo al ver como dinamitan lo poco que teníamos de estado social. Como español de pro, resultado de un mestizaje de inquisidores, burros, conquistadores sin escrúpulos, putas, gitanos, braceros, esclavos y gente con mucho aguante, viviría en una sociedad cada día más orgullosa de su ignorancia donde Mandela era un jugador de futbol y la Universidad una pérdida de tiempo. Trabajaría cuando me dejaran, de 7 a 7 de la tarde y no tendría fines de semana de surf, esto último sólo reservado a los hijos “rebeldes” de fabricantes de ERE y titulares de cuentas en Suiza que una vez cumplidos los treinta, cambian Tarifa por una oficina en la Castellana. El ocio permitido a los de mi clase por las autoridades sería un partido de fútbol, un par de litronas en el bar y el lunes por la mañana, irme a la plaza del pueblo o a un polígono industrial a que alguien me ofreciera un jornal para ese día. No tendría plan de pensiones porque como español estaría abocado a la “caridad” del Estado.

Si no tuviera un apartamento que me estuvieran a punto de desahuciar, seguiría viviendo en casas de mis padres.

Si la mala fortuna me castigara llegando a la ancianidad... desearía estar muerto cada minuto de mi ya exigua existencia..



En este país, la cobardía del hombre honrado ha permitido que lleguemos a una encrucijada donde sólo podemos ser Sísifos o Ulises.

A los Ulises que están viviendo su propia Odisea... que no se rindan y tengan memoria del porqué de su marcha. Si alguna vez deciden volver a reencontrarse con Penélope, afilen espadas para acabar la pelea pendiente.



A los Sísifos, que dejen de cargar con la Roca,no son animales de carga, superen su ignorancia, su miedo y conviértanse en ciudadanos.



El destino de un hombre no lo decide los dioses del Olimpo sino su compromiso de como vivir y morir con dignidad.





lunes, 9 de diciembre de 2013

Lo infraordinario VI. Vámonos de picnic






Estamos a finales del año 2013 y leo en un calendario un lema para el mes de diciembre : “Piensa, Cree, Sueña, Atrévete”.

Antonio Machado que fue poeta, y además pensaba, escribió una vez esto que tanto nos define :” En España, de diez cabezas, nueve embisten y una piensa”. Por una simple regla de tres los que pensaban se han marchado y los que quedamos afilamos cuernos mirando de reojo el pasaporte...

Es lunes nueve de diciembre, en un país donde los telediarios pasan sin escrúpulos del terror a la fantasía y viceversa. “El resplandor” o “El exorcista” quedan al día de hoy en el mismo género que una película de Disney si lo comparamos con los Telediarios. Un día toca meter miedo, otro fantasía anunciando la bajada del paro en unas 2500 personas de un total de casi 6,000,000... todo un logro... con una sonrisa de la presentadora del informativo que da escalofríos.

Leo en un periódico como la Fundación ONCE se hace cargo de las lavanderías de los hospitales de Madrid. La primera medida bajar los sueldos a 640 euros mensuales. Y como detrás de cada cifra existe un ser humano, una chica que tiene tres hijas se ve abocada al paro porque con ese sueldo no puede hacer frente al sustento de su familia. En menos de dos años, cuando el paro se le agote y como los “nuevos empleos” no llegan ni a 600 euros mensuales, aparecerá de nuevo en las páginas de este periódico (si aún sigue abierto) contando como asuntos sociales le ha quitado a sus hijas por carecer de medios económicos para mantenerlas... Y el lema de la ONCE sigue siendo...”La ilusión de todos los días”... sin comentarios...

Una vez me dijo un amigo ( que es poeta y también piensa ), que en cada español vive un médico y un entrenador de fútbol... a eso habría que añadir hoy un revolucionario de taberna. Si la gente no se desahogara con discursos vehemente en los bares cuando andan un poco “cocida”, en vez de cabestros tendríamos toros embistiendo en las calles... A la anterior modalidad hay que añadir el “me gusta” en facebook...otra forma de desahogo cibernético...



Y como la nueva ley de seguridad ciudadana fortalecerá aún más nuestra dictadura democrática, propongo que la desobediencia civil imite a la de los ciudadanos de la RDA que acabaron por derribar El Muro sin violencia : Hagamos un picnic.

Instrucciones de uso para un Picnic Revolucionario



1º Cojan su DNI

2º prepararen bocadillos,bebidas y sacos de dormir.

3º Marchen en número de miles en dirección a la frontera con Francia. Crucen e instálense en cualquier país del tratado Schengen.

4º Cuando el problema lo tiene una persona no es un problema de estado, cuando el problema lo tienen un millón de “campistas”, el problema lo tiene el gobierno de ese país.

5º Colapsen las oficinas de esos países solicitando por los causes administrativos y legales el asilo político.

6º Colapsen sus calles, sus parques, durmiendo en sus vías públicas.

7º Colapsen sus hospitales, comedores sociales... etc... etc...etc... el resto que la imaginación os guie...



PIENSA, CREE, SUEÑA Y ATRÉVETE”







viernes, 29 de noviembre de 2013

Lo infraordinario V. De Viejos trenes, de viejos relojes...









Josef Koppelmann fue relojero como lo fue su padre y su abuelo. Tres generaciones de Koppelmann elaborando manecillas, carátulas, mecanismos en pos de poner nombre y apellidos a algo tan valioso como el tiempo. Así, las dos menos cuarto se apellidaba tarde cuando el sol había sobrepasado su cenit y noche, si la cúpula celeste se vestía de negro. Había una polémica en apellidar ciertas horas del día y la noche pero esa es … otra historia.

Nadie se preguntó jamás de donde provenían los Koppelmann porque los judíos, por entonces, no eran de ninguna parte. Los países cambiaban de nombre, de banderas, de emperadores incluso pero los Koppelmann seguían fabricando relojes para todos ellos sin necesidad de cambiar nada.

Un día, un Koppelmann decidió que debía pasar de vecino a conciudadano, dejando atrás la ignominia de 2000 años de exilio y desarraigo. Orgulloso de su ciudad y orígenes, y no tanto del último nombre dado a su país ( porque las fronteras, por entonces, se dibujaban a mano alzada con tinta china entre humos de habanos,cognac francés y miles de muertos), añadió su nombre junto al de su ciudad en sus humildes relojes. Así, al igual que los afamados relojes que presidían las grandes estaciones de trenes de Europa y que mostraban París con orgullo debajo del nombre del fabricante, Koppelmann hizo lo propio pero en un plano más humilde. Mientras París dictaba el tiempo en los andenes la hora de las partidas, Sarajevo habitaba en los relojes de bolsillo de los empleados de los ferrocarriles. Sin embargo, no eran realmente aquellos preciosos y enormes relojes de dos esferas quienes marcaban la partida de los convoys, ni los chirridos de las grandes ruedas de acero con acero, ni el vapor escapando con ansiedad por mover mastodónticas levas de aquellas locomotoras de carbón... sino el humilde reloj de bolsillo del jefe de estación.

Tras cubrir su cabeza con la gorra azul y franja roja, tomaba el banderín con la mano izquierda. Con paso firme se colocaba en el andén frente a la locomotora. Banderín hacia abajo. Con la mano derecha buscaba su reloj en el bolsillo del chaleco negro, lo abría con el pulgar y la mano completamente abierta en horizontal. Miraba la hora... por unos segundos... La coreografía terminaba cuando el singular pitido del silbato coincidía con la alzada del banderín rojo.



Si alguna vez tienen la oportunidad de sostener un Koppelmann en su mano, recuerden que a veces un reloj es algo más que un instrumento que pone nombre al tiempo...



lunes, 25 de noviembre de 2013

Lo infraordinario IV. De como una buena tarde la tiene cualquiera








Oteó su taza de té y estaba vacía. Miró el cenicero y estaba lleno. De fondo un piano endulzaba una tarde fría de otoño en do menor. Antes de encender el enésimo cigarrillo vació el improvisado vertedero de colillas y puso al fuego otra tetera. Por un instante quedó ausente en un pensamiento fugaz...” una vida insatisfecha es como un mal concierto. Estás deseando que termine y no se te ocurre aplaudir en exceso no vaya a ser que el artista crea que lo ha hecho bien y te torture con un bis”... El desagradable pitido de la tetera acabó con el fin de la reflexión.

Volvió a sentarse frente a la máquina de escribir y le pareció patético todo lo escrito. Arrancó cuartilla del rodillo y tiro la bola de papel al suelo. Tomó la taza de té y dio un prudente sorbo. Y como no, volvió con otra de sus rocambolescas reflexiones...” el suicidio es como quién no aguanta un mal partido de fútbol. Aunque haya pagado mucho por la entrada no le importa marcharse antes de que termine”...sonrió... él odiaba el fútbol...

Apagó el cigarrillo a medias, se levantó y se fue a a la calle a dar un largo paseo, disfrutando del olor de la madera que, chimeneas renqueantes, calentaban hogares donde aguantan toda una liga de fútbol sin rechistar y aplauden malos conciertos.

La visión de un par de perros callejeros jugando en un parque le detonó la última reflexión de la tarde...” Ser dueño de tu destino es como quién elige ir a un cálido concierto en la Academia Húngara de Roma antes que soportar a unos tristes tocando música barroca en una españolísima y fría iglesia ...” ;) ;) ;)




domingo, 24 de noviembre de 2013

Lo infraordinario III. Cosas de pequeña importancia

 
 
 
 
 





Cuando escucho la Danza Húngara de Brahms, la Rapsodia Húngara de Liszt o el Fígaro del Barbero de Sevilla siempre me recuerda a mi infancia. No, en casa no éramos ni melómanos, ni mi madre tocaba el piano mientras mi padre leía Boris Vian fumando en pipa... ni teníamos clases particulares de violín... Las tardes de mi infancia comenzaban a las cinco y media cuando regresaba del colegio. Encendía el televisor y como un zombi me quedaba mirando fijamente aquella carta de ajuste hasta que a las seis menos cinco empezaba la programación. En mi interior rezaba porque el tipo que estuviera encargado de darle al botón adelantara ese día el “un globo, dos globos, tres globos” de Gloria Fuertes y diera paso a Barrio Sésamo. Primero fue el barrio de Emma Cohen como gallina Caponata, luego Chelo Vivares como Espinete y entre media “La Cometa Blanca” con aquella presentadora de la cual estaba infantil y secretamente enamorado...Isabel Tenaille...

Mi madre, sin piano, hacía a la marabunta de niños los Colacaos ( nosotros no éramos de Nesquik)y rebanadas de pan con mantequilla y azúcar por encima ( que en el futuro me costó una pasta en el dentista)... bueno Tulipan, que la cosa entonces también estaba jodida pero sin llamarla CRISIS. Al finalizar Barrio Sésamo,el libro gordo de Petete que siempre te sabía a poco pero al menos me fue más educativo que mi paso por la Universidad. Medio speedico* por la subida de azucar, saltaba de emoción con la entradilla de la Wagner Bros, dibujos animados le llamábamos entonces, cartoon los llaman los bilingues niños de colegios privados de hoy ( La Pública no cuenta ya...desgraciadamente). En unos de los capítulos, Bugs Bunny ( entonces lo llamábamos los que íbamos a colegio públicos “el conejo de la suerte”)cocinaba a ritmo de Brahms. En otro, afeitaba a Elmer ( el cazador estresado)a ritmo del Barbero de Sevilla... Echo de menos a Gloria Fuertes rodeada de chiquillos y sentada en un sillón de mimbre leyendo poesía.

Con el paso del tiempo todos esos recuerdos se fueron diluyendo hasta que mi magdalena mojada en té ha sido desayunar una rebanada de pan con Tulipán y un ColaCao.

El tiempo pasa inexorablemente, ya lo sé, y aunque ya no esté para abusar del tulipan, Colacao o del azucar... de vez en cuando al menos, cuando me afeite, escucharé el barbero de Sevilla...Esto, esto es todo Amigos ¡¡¡¡¡¡¡ ;););)



* Dícese del que se encuentra en un estado anímico exaltado natural o inducido...jajajajajjajajaja





jueves, 21 de noviembre de 2013

APRENDIENDO A CAVAR MI PROPIA TRINCHERA (POÉTICA)



Durante mucho tiempo he admirado a determinados artistas y poetas. A esos poetas y artistas que renunciaban a lo bello, que salían de su torre de marfil y empujados por el hombre que es un lobo para el hombre, se sumergían en la lucha del día a día, del año a año, de generación en generación. No quedaba más remedio que remangarse y poner sus versos sus pinceles-cinceles o partituras al servicio de la lucha por la libertad, por el hombre que sigue siendo solidario. Sus tiempos, eran tiempos difíciles que aún recuerdan nuestros abuelos, en los que aún no eran tan obvios determinados derechos. No todos siguieron ese camino, algunos prefirieron continuar en su torre, arropados por propios cantos de sirena, eligieron lo cómodo y lo cobarde, lo más humano al fin y al cabo. Por eso admiraba yo a esos artistas que volvían a ser hombres, que supieron bajarse del pedestal a tiempo, que empezaron a luchar, a cavar con palabras y canciones sus propias trincheras, trincheras que resultaron ser más grandes que las cavadas con las manos y la sangre, pues en ellas cabían siempre más de un hombre.



Admiraba y admiro a Miguel Hernández, a Vallejo, a Dámaso Alonso, a León Felipe, a Maiakovski, Ana Ajmátova y Pasternak, a Emilio Prados, Antonio Machado y Altolaguirre, a Benedetti y Ferreira Gullar, a Blas de Otero y Gabriel Celaya. Como siempre, en una lista, se que me dejo a algunos, en realidad a muchos, pero ya sabéis, es la fragilidad de la memoria, que no soporta el peso de algunos recuerdos. Admiraba a todos ellos. Los admiraba y también los envidiaba. Y no sabría decir en qué medida me dominaban ambos sentimientos. A ellos, sus tiempos tan difíciles, les habían dado un motivo inevitable sobre el que escribir. Sus enemigos habían surgido de las tinieblas y luchaban con la cara descubierta, los brazos en alto y los uniformes bien abrochados. ¡Estaban obligados enfrentarse a ellos!. En sus tiempos era muy sencillo saber qué era el fascismo, quiénes los ricos o cómo aborregaba la iglesia. Todo estaba polarizado, los bandos muy bien definidos. 

sábado, 16 de noviembre de 2013

LOS AMANTES Y LA GUERRA

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
("Canción última", Miguel Hernández)




I

De oficio pastor de verbos  y malabarista de lunas, Miguel,
cada mañana no desdeña la lucha,
azuza arrebatos de atrevimiento entre los parapetos,
mientras tierna en la dúctil espera, Josefina,
sabe que sólo será ella el barbecho de sus zozobras nocturnas.

Cada noche, tras el plomo que ansía el linaje de la tierra,
consiguen ser un solo par de brazos, un único desfilar de manos,
que se multiplican y crecen con el eco del deseo,
un recíproco estrépito de suspiros,
o un primer avistamiento de una penumbra como ensenada
que sale al encuentro de la tormenta.
Josefina y Miguel son una piel que crece hasta guarecerlos,  
que se ensancha forjando una última espesura.
Ambos en brazos del otro se licuan en una mutua ofrenda,
son lágrimas al acecho soñando ser ríos, ríos ansiando ser mares.
Tras la lucha, son sólo bocas sedientas que olvidan,
y ambos se beben,
y ambos se rebosan,
y ambos se sudan,
y en las planicies de sus cuerpos se remansan,
si uno adquiere culebreo de torrente,
el otro retoma la placidez de litoral,
y ambos se beben,
y ambos se rebosan…
solo así la noche los multiplica.

Pero son miles los besos que se llueven,
sus labios no dan abasto a retenerlos,
lenguas ingenuas que se indagan como quien codicia el sabor de las estrellas,
son tantos los arrullos,
largos los surcos que cavan en sus cuerpos con las yemas de sus dedos,
tantos los augurios rescatados por sus miembros, 
que la mayoría se derraman y se pierden entre los pliegues de las sábanas,
o las arrugas de la almohada.

Quedan allí, en la devastación de la cama trasegada,
los olvidados restos de un placer que no tuvo cabida
entre los límites de dos cuerpos sin fronteras,
simientes encendidas como ascuas a la espera de otros amantes,
semillas de un deleite inabarcable en una nueva despedida:
tanto era el amor que de ellos brotaba,
tan mezquino el futuro que los acechó y venció.


II

Llegó el derrumbe de la razón,
el hundimiento de las trincheras, la romería del rencor.
De nada sirvieron los versos de Miguel,
quedando la casa y la cama de Josefina vacías.

Entre las sábanas empapadas de cadencias, caricias y labios gastados,
como afrenta, como desprecio, como flagelo,
dormirá una noche un soldado,
dormirá otra noche un banquero,
dormirá incluso un orondo prelado,
dormirá todo el desvarío de un país ultrajado.

            Ninguno comprenderá el vértigo,
las semillas germinadas del deleite que sus pellejos recibieron,
los versos que los cercaron,
el recuerdo perpetuo de Miguel y Josefina,
invocando al viento del pueblo,
siendo los dos un rayo que no cesa,                             
acechando sin piedad al tirano que al hombre acecha.

Dedicado a Josefina Manresa y Miguel Hernández
                                                                                                                                                   Julián María Guzmán Tapia
                                                                                      Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba) 15 de noviembre del 2013

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Lo infraordinario II



 
 
 
Son las cinco y media de la madrugada. El Sol no es más que un degradado azul marino de un agonizante negro. La ciudad duerme. Aprovecha el final de su viaje onírico con Morfeo mientras las farolas van apagándose poco a poco como si de una cuenta atrás se tratase. Es invierno. Febrero no se decide darle el relevo a Marzo, egoísmo propio de un año bisiesto. La cafetera tartamudea sus últimas gotas. De pie frente a una ventana abierta observa la silenciosa ciudad, vacía, ausente... y por un instante, siente que es el último hombre sobre la faz de la tierra. Sus manos sostienen una reconfortante taza de café humeante. Entre sorbo y sorbo va volviendo a la realidad con una brisa fría que le abofetea el rostro. Suelta la taza y cierra la ventana. Enciende un cigarrillo y va en busca de otro café. Vuelve a la ventana. Ahora la ciudad le parece menos auténtica, el vidrio deforma cada imagen, cada edificio y las farolas apenas iluminan ya una ciudad que despierta al ritmo de una oscuridad planificada. Por entre las montañas pide paso un incestuoso burdeos que anaranja una luna en cuarto menguante. El café está frío. Los primeros transeúntes aparecen de la nada. Morfeo vuelve a su Olimpo hasta la próxima luna. Es invierno.


martes, 12 de noviembre de 2013

Lo infraordinario

 
 
 
 



Lo que te perturba, lo que te conmueve, lo que te da miedo, pero que a veces te entusiasma, no es lo repentino de tu metamorfosis, es, al contrario, justamente el sentimiento vago y pesado de que no se trata de una metamorfosis, de que nada ha cambiado, de que siempre has sido así, incluso aunque no lo superas hasta hoy: éste, en el espejo resquebrajado, no es tu nuevo rostro, son las máscaras que se han caído, el calor de tu cuarto las ha derretido, la torpeza las ha despegado.”

                                                                       Georges Perec. Un homme qui dort

En 1999, el por entonces secretario general de la ONU Kofi Annan se dio una vuelta por un hospital de Bosnia para apadrinar al ciudadano 6,000 millones del planeta Tierra. Por cierto, fue ciudadana. Cuando llegamos a los 7,000 , la criatura que nació no fue recibida por tan insigne cargo mundial, nació cerca de un asentamiento llamado Ikeja cerca de Lagos, Nigeria en 2011... ya éramos demasiados para montar espectáculos circenses en un hospital... en este caso no hubo ni hospital ni fanfarrias... 7,000 millones de almas, 7,000 millones de universos embutidos en un solo planeta, 7,000 millones de historias dentro de una Historia...
Georges Perec que además de hacer listas de lo que había comido en un año y que jamás se preocupó de peinarse, escribió un libro titulado La vida : instrucciones de uso. Sin ánimo de elevar la obra de Perec a máxima teológica, en verdad, nuestra vida resulta que está más interconectadas con la de los demás de lo que pensamos o quisiéramos . De ella recuerdo al fabricante de puzzles y aquel viejo que iba tachando número de teléfono cada vez que asistía a un entierro... si no recuerdo mal... que seguro lo recuerdo mal... memoria... somos memoria... lo malo es cuando nuestra memoria nos falla... ¿Seremos entonces un error humano?... Memoria y pasado... para el futuro no es necesario tener memoria sino esperanza... y para el presente...ni idea...
En la adolescencia sostenía que para comprender la vida y saber algo más de los entresijos de su manual de uso, la filosofía podía ser una herramienta útil. En la edad madura comprendí que esto era lo mismo que estudiar manuales de carpintería y jamás ponerse a fabricar ni tan siquiera un banco de tres patas por miedo a equivocarse. Camus. Hace unos días se conmemoraba el centenario de su nacimiento y en Francia acabaron peleándose... Buena señal, si todos hubieran coincidido en alabar al personaje, el propio Camus hubiera acabado mosqueándose de que algo había hecho mal... no podemos agradar a todo el mundo... El mundo... con su 7000 millones de alma y en aumento, Perec lo hubiera tenido difícil para escribir sobre un edificio que cupieran todos y narrar como un hecho acaecido a miles de kilometros afectara la vida de otra persona directamente... conjeturas, divagaciones, sospechas... Al final lo que vale, lo que cuenta, no son los titulares en un periódico, son esas intrahistorias, lo infraodinario... lo que comemos, lo que nos hace llorar,lo que nos hace sentir, lo que nos hace reír, lo que amamos, lo que nos da miedo, lo que no tiene nombre... y como termina el poema de Celaya... ” Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos”...o algo parecido...



EL ORIGEN



Hace unos trescientos años vivió en la India un kan, llamado Djel-el-Eddin-Mohamed, apodado Akbar, que significaba “El Grande”. El nombre de la región que gobernó fue olvidado hace mucho tiempo, los más ancianos ni siquiera pueden decir en qué parte del país estuvo ubicada o cuál fue su capital. No han quedado de esa comarca ni palacios, ni edificios administrativos, ni monumentos que certifiquen la existencia de ese reino, condado, sultanato o lo que fuese. Tampoco las crónicas dan muchas pistas, apenas se han encontrado referencias históricas. Es tanto el silencio que envuelve a Akbar y su gobierno que muchos incluso aseguran que no existió, que es sólo una leyenda. Nada material nos ha quedado de este misterioso kan, nunca se ha encontrado una estatua con su figura o una moneda con su efigie, aunque sí han llegado hasta nuestros días los inevitables ecos de su sabiduría. Fue Akbar un hombre modesto, completamente diferente al resto de reyezuelos y gobernantes que mal administraban antaño el país. Ajeno a luchas, a envidias, a juegos maquiavélicos propios del hastío de los soberanos, Akbar siempre mostró mucho más interés por la sabiduría y por gobernar de la mejor de las maneras a sus súbditos. De él, así nos quedan algunas canciones y un puñado de poemas que lo describen como una persona curiosa, meditabunda e inquieta por encontrar respuestas a mil y una dudas que se formulaba diariamente. De todas estas narraciones sin duda la más famosa, la que logró mantenerlo emplazado en la historia, fue la leyenda que narra  su búsqueda del origen de los idiomas. Una leyenda que da fe de su cordura y de su carácter inquebrantable cuando de encontrar la verdad se trataba. Por su corte pululaban mediocres y sabios farsantes venidos de muchos lugares, que buscaban la aceptación  y beneplácito de Akbar. Unos y otros se enzarzaban en estériles discusiones en las que ninguno usaban la razón para vencer a su oponente. Voceaban, se pavoneaban, golpeaban sus pechos con los puños encrespados pero no decían absolutamente nada que interesase a Akbar. Una de las eternas discusiones que le agotaban era la que intentaba discernir cuál era el idioma original del hombre. Apelando al orgullo más que al conocimiento, cada sabio vocinglero otorgaba ese privilegio al idioma que se hablaba en su país, y daba como prueba de ello, las sagradas escrituras de su religión, las cuales eran palabra de su dios siendo por lo tanto irrefutables.  Para acallar el griterío de esta eterna disputa Akbar decidió al fin realizar un sencillo experimento, pues estaba muy cansado de escuchar a los judíos que el hebreo era el idioma primero de toda la humanidad, en el que sin duda pronunció Adán sus primeras palabras, estaba cansado igualmente de escuchar a  los católicos decir que no, que era el latín, o a los japoneses el japonés y a los musulmanes el árabe.  A cada uno de esos sabios les pidió que le trajesen un recién nacido de su país. Y una vez que hubo reunido recién nacidos de todos los rincones más dispares de la tierra conocida, metió a estos en un palacio que había construido para tal efecto. Dicho palacio estaría atendido por sirvientes mudos y criadas igualmente carentes del don del habla. También prohibió la entrada a sus habitaciones bajo pena de muerte. El palacio estaba construido en un lugar apartado del reino, un lugar al que no llegarían las palabras de ningún idioma. Eran doce los niños y doce los años el tiempo que consideró necesario tener a esos niños aislados...
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lunes, 28 de octubre de 2013

Luz de invierno

 
 
 
 
 
 
 
En una mesa donde se mezclan una underwood desmontada en proceso de reparación, un destornillador, tres botellas vacías de cervezas ejerciendo de cenicero, papeles y más papeles, un abrecarta con forma de Tizona, un paquete de cigarrillos en vías de extinción, Gabirol y Spinoza comparten rascacielos de libros con Martín que vive en el ático.
Es un edificio bien avenido. De vez en cuando, Steinbeck sube a visitar a Martín y mantienen largas conversaciones sobre cualquier cosa menos de las imágenes polisèmicas de Alterman o Penn. Guri ya no se habla con estos dos desde que dejaron de pagar la cuota de la comunidad hace tiempo...
Una baraja de cartas del Luxor de Las Vegas sigue tentándome a ver si me animo a cambiar la rotativa de prensa por un programa nocturno para engañar a desesperados por la Crisis...
El pequeño diccionario de inglés de tapas “verde alemán” comparte VPO con uno de lengua española... se llevan bien... nadie los molesta... Un sentido a la Vida de Saint Exupèry saluda todas las mañanas a su vecino del 1º Andric, empeñado que el Drina no se desborde y se lleve por delante el Puente...demasiado tarde Ivo... ya se lo cargaron en los noventa...
Es otoño y su luz menguante hace que la lámpara de pie del Ikea ayude a iluminar las miles de palabras que se resguardan de mi indiferencia en cada apartamento. Miro por el RETROVISOR y reflexiono... quizás no sea otoño... quizás en la habitación donde sobreviven mis vecinos haya demasiada luz, demasiada intensidad... quizás haya luz de invierno... quizás todos estos años mi memoria no haya conseguido interpretarles adecuadamente, otorgándoles la luminosidad precisa...
Unamuno me hace señas desde su sentimiento trágico de la vida. Le observo por unos instantes, y le digo Adiós con la mano... demasiada cultura judeo-cristiana para estas alturas de la vida. Termino un cigarrillo y mi última cerveza fría.
Pongo un disco.... Euforia...me abro una guinness...selecciono Oxalà y brindo por mi vecino Martín y sonrío... sonrío como lo haría él desde su ático a miles de kilómetros de distancia si escuchara cualquier canción que le recordara... pensándolo bien... quizás... hubiera preferido A Naifa... y vuelvo a sonreir.

martes, 17 de septiembre de 2013

CATÓLICOS TRÓPICOS UTÓPICOS

 


 Siempre me han parecido excesivas las advertencias de mis amigos. Hasta ahora, allá donde he viajado no he sentido las amenazas que parece ser son frecuentes para  los turistas en algunas partes de este país, Bolivia. Aun así, durante los meses que llevo aquí, cuando he viajado solo, he procurado tomar siempre unas mínimas precauciones, más por no tener que dar muchas explicaciones a mi regreso que por pensar que fuese realmente necesario. Por ejemplo, nunca me desprendo de mi equipaje hasta que lo dejo en lugar seguro, por lo que suelo ir a todos lados cargado como un mulo, o procuro no hacer excesiva ostentación de los objetos de valor que llevo conmigo, que por otro lado no son muchos. La ropa que llevo puesta, la de batalla, camisas viejas, deshilachadas por el cuello y algo desteñidas, y unos pantalones de algodón grueso plagados de bolsillos que más parecen agujeros negros. La cartera, con poco dinero, no podría ser de otro modo, bien escondida en alguno de esos bolsillos tragamundos. El objeto que suele darme más problemas es la cámara de fotos, que por su tamaño tan abultado no sé muy bien dónde guardarla. Si la llevo en el macuto, corro el riesgo de darle algún golpe, aunque suelo envolverla en algún gorro o algo grueso a modo de improvisada funda. Al hacer una foto, la devuelvo con rapidez a su sitio. En algunas ocasiones,  para no dar muchos detalles, me muestro esquivo con los lugareños  que se ponen muy pesados con preguntas sobre los motivos de mi viaje, aunque esta actitud suele ser mas  por cansancio que por recelo. Allá  donde he ido en mis últimos paseos por el país,  siempre  he intuido que despierto  en la gente más sorpresa o curiosidad que la idea de que pueda suponer para ellos algún tipo de beneficio, lícito o ilícito. Aparte de  que siempre inflan los precios cuando compro en las tiendas o me monto en un taxi o de que siempre me dan indicaciones contrarias al indicarme algún camino, poco más puedo yo reprocharles o temer. Muy al contrario, tras la sorpresa inicial, las personas con las que me he ido cruzando estas semanas se han mostrado amables, atentas y curiosas , con ganas de dialogar, de entretenerse un rato haciéndome preguntas, y respondiendo  ellos a las mías. Suelen ser personas con alma de adobe, sencillas, de pueblos tranquilos donde no ha llegado la maldad, aunque sí sigue llegando puntual la necesidad.
Si quieres seguir leyendo, pincha en la imagen.
Sí quieres seguir leyendo pulsa en la imagen... 
 
(otro cuento escrito con el móvil, San Rafael, Bolivia, septiembre del 2013)

jueves, 29 de agosto de 2013

DE VIAJE POR LATINOAMÉRICA

Soy de Ámerica Latina, un pueblo sin piernas, pero que camina. "Calle 13"

Para este viaje volví a cargar mi maleta de libros. Todos de autores latinoamericanos. Monterroso, Belli, mi entrañable Girondo, los inevitables Cortázar, Borges y Neruda, un largo etcétera, aunque  teniendo siempre en lo más alto a Benedetti y su compatriota Galeano. Viajaría en esta ocasión por Ecuador, Perú, y Bolivia, aunque quizás el tiempo, el dinero, las carambolas, la suspensión de vuelos o las huelgas de transportes, me llevasen también a Chile, Brasil o Argentina... Pretendía que estos escritores, también Pizarnik, Echenique, Quiroga, Vallejo, Martí, Futuranski y otro largo etcétera, fueran mi guía durante este viaje. Que ellos me hablasen antes de llegar yo a las sorpresas, que ellos me desvelasen los misterios de estas tierras tan plagadas de rincones. Pero una vez emprendido el camino apenas pude dedicarles tiempo. Muy pronto, en mi maleta, sus libros fueron sólo un peso muerto. El constante cansancio me impedía escuchar sus voces y entre ciudad y ciudad, la tensión de la espera lo ocupaba todo. Además, enseguida descubrí que lo que ellos me enseñaban apenas se parecía a la latinoamérica que iba recorriendo. La mayoría de las personas con las que me cruzaba en los inicios del viaje desconocían los nombres de estos autores.

La latinoamérica real ha resultado ser mucho más directa, más agresiva, cómo sólo puede serlo un continente habitado por supervivientes. Es una isla infinita en la que apenas tienen cabida las ensoñaciones. Su aroma es fuerte, a ratos amenazante, huele a restos de mercado, a sudor rancio, a arroz y choclo hervidos, a chancho frito, a grasa y gasolina, a frutas maduras, a chicha, a jugos y cerveza. Sus sonidos son enérgicos, su música irritante, cansina, sus ritmos a ratos ancestrales, a ratos delirantes. Para mí, con un espíritu tan ajeno al baile, resulta simplemente agotador, quizás hasta prescindible este son son lastimoso y repetitivo que lo envuelve todo. La función de esta banda sonora total es como la de un aniversario diario, como una fiesta de pueblo que se celebrase a cada rato, me advierte, me atonta, me recuerda, no lo olvido, que estoy en latinoamérica. Latinoamérica entera me empuja cuando voy andando por la calle, me obliga a caminar con prisa, a desprenderme de mis pensamientos, los que traje a modo de coraza desde España, a desprenderme incluso de mis gestos, afuera mis certezas, cada esquina me hace evocar a mil fantasmas, y me juego la vida cada vez que cambio de acera. Dentro del gran viaje que estoy realizando, cada día realizo miles de viajes minúsculos y puedo acabar charlando con los incas si compro tabaco en un puesto. Los colores de latinoamérica son los colores de un millón de winphalas agitadas por los vientos que bajan de las cumbres de los Andes. Todo me estalla en los ojos, llevo siempre el sol desparramado sobre mi piel y un eco anciano en las entrañas. Su tacto es el tacto de las piedras talladas con el sudor de otras piedras. Y el tacto de sus minerales ya no es un tacto, es sólo el recuerdo de un tacto robado. Al pasear por sus ruinas, sus venas abiertas, comprendo al momento todos sus fracasos: sus ruinas no me muestran lo que fue latinoamérica, sino lo que no la han dejado ser. Sólo queda certero, cargado de remordimientos, de tacto cargado de auxilio y reproche, el tacto de la tierra seca, o el tacto apabullante de la tierra húmeda, hinchada por sus ríos que pretenden ser mares. Es también incontable el tacto del millón de hojas de todas sus selvas.   ¿Y a qué sabe latinoamérica? Sus sabores no puedo describirlos, necesitaría una nueva lengua sólo para enumerar sus árboles y los frutos que revientan cada día en sus ramas.

Latinoamérica es tan grande que no cabe en ella misma. No cabe en sus libros, no cabe en las gentes que la habitan. No cabe siquiera en sus ruinas ni en los sueños que de ellas surgen. No cabe en sus mapas ni cabe en su historia. No cabrá, por supuesto, en este cuento. Latinoamérica es como una gran Anaconda rabiosa. Así, tan imprevisible e inmutable mi única certeza de este viaje será que latinoamérica es inviajable. Me iré de aquí deslumbrado, agotado, cargado de asombros pero sin comprender apenas nada. Imposible llegar al final de los caminos que he emprendido, que no dejan de culebrear delante de los pasos que voy dando. Porque en latinoamérica serán siempre más los caminos por recorrer que los ya recorridos.
 (Dedicado a Isabel Montojo, Gema, Francisco, Sonia, Yolanda, Pilar, Isa Pelaz, Miriam, Vanesa Arroyo, Arrate, Vanesa Salazar, Elena, Bea, Alba, Vero, Beatriz Rubio, Ana, Itxaso y Shandu, grandes cooperantes de Macará, Ecuador)
(Escrito con el móvil, después pasado a mi diario, en Santa Cruz, Bolivia, 28 de agosto del 2013)

lunes, 22 de julio de 2013

El Árbol de la Vida








Pues no. El título no tiene nada que ver ni con la Cábala, ni el esoterismo judáico ni con la denostada película de Terrence Malick... sino con el arte de vivir...

Forrest Gump afirmaba que la vida era como un caja de bombones, Groucho Marx que una fiesta llena de idiotas cuya máxima preocupación era tener la copa llena, Jesucristo que la vida perfecta era ser huérfano( para el padre que le había tocado) y tener un buen abogado como el de Barrabás y Schopenhauer, que era una pompa de jabón que conservamos y seguimos inflando tanto tiempo como podemos, aunque sepamos con certeza que explotará... este último no tenerlo en cuenta, Schopenhauer era un cenizo de mucho cuidado... no leerlo os evitará acabar como él... viejo y atormentado... creo que ya nació viejo...

Una vez, un buen amigo en un momento de lucidez premortem, me dijo que la vida era más sencilla de lo que parecía y que nos la complicábamos estúpidamente, que si volviera atrás... bla, bla, bla... pobre chaval para una vez que se ponía a pensar... Todo el mundo habla y habla, yo creo, yo pienso... yo, yo...que si , un YOYO... al contrario que el juego infantil, nuestra existencia sólo tiene un recorrido y una vez que llega abajo no tiene retroceso... Para algunos, la vida es la bolsa que llevan al mercado y la llenan con esto, con aquello, amor, familia, trabajo, sueños, esperanzas y la siguen llenando y llenando... luego, a la hora de volver a casa la bolsa pesa demasiado... pero les merece la pena porque su intención es buena, llenar su alacena con todo eso y consumirlo después, sin saber que quizás habría que pensar menos en el futuro y comérselo en el momento, no vaya a ser que se pudriera por el camino... y ahí llega nuestro juez en comisión de servicios TIEMPO... dicen que es Suizo y pertenece a la familia de los Omega... aunque la malas lenguas dicen que es de una familia pobre y proviene de una miserable fábrica china...

De la Israel europea o de la tumultuosa China, el Tiempo dicta la importancia o la banalidad de nuestras vidas. Georges Brassens, que era un gran tipo de los que piensan sin necesidad de ver la muerte junto al cabecero de la cama, cantaba una canción : “El tiempo no tiene nada que ver”... si él lo cantaba... por algo sería... Sea como fuere, ayer tiré mi reloj a la basura( pero de una familia proletaria suiza...un swatch). Quizás no entendí bien la letra de Brassens, pero tras intentar reanimar a un tío en la calle y ver que por mucho que llenes la bolsa de amor, familia, trabajo, sueños y esperanza... La Vida no entiende de relojes y El Tiempo quizás... si tiene algo que ver... sobretodo para una ambulancia...




lunes, 6 de mayo de 2013

PRELUDIO A LA SIESTA DE UN FAUNO



 
 
Abrió las ventanas y la luz dejó entrever la decadencia de meses de polvo sobre aquellos montones de libros y papeles. El aire limpio barrió el olor a viejo de la estancia.
El sol radiante firmó de un plumazo su nuevo contrato con la vida, la novela había sido terminada, su calvario también. Chicas en bicicleta paseaban junto al río sin la menor preocupación, conversaban entre pedaleo y pedaleo, reían y sentían la brisa del Miljacka en sus sonrojadas mejillas. En una esquina un músico cantaba Moscanice Vodo Plemenita al son de una vieja guitarra . Profunda y melancólica, llegaba gracias a la brisa con un tono aún más triste a los oídos del viejo escritor. Apoyado en el alfeizar de la ventana, observaba todo sin perder detalle, era su reencuentro con una vida tapiada durante meses por aquellas pesadas cortinas burdeos. El agua bajaba limpia y cristalina lentamente entre los escalones artificiales del nuevo río.
Dejó unos momentos la ventana para prepararse una buena taza de té. De vuelta, sorbo a sorbo acompañaba su mirada hacia esa vida que había seguido con y sin él. En el edificio de enfrente, su viejo amigo Mehmed regaba con mimo sus plantas de la terraza, inmensa como el Amazonas, acogedora como el paraíso. A su izquierda, la joven Anna pintaba desde su estudio sin descanso con los grandes ventanales abierto de par en par y la luz entraba como su invitada de honor. De piedra ennegrecida por el paso del tiempo, aquel edificio podía desprender un halo de pureza que ni siquiera el más blanco de las almas puede tener. En la guardilla, observaba como el joven Talic intentaba componer su gran obra maestra y las notas se le esfumaban como el humo de su eterno cigarrillo encendido…
La señora Snomjci paseaba su pequeño perro por el parque frente al edificio. Ese era el límite de su existencia tras la muerte de su marido hacía ya demasiado tiempo, levantó la mirada de su querido can y sonriendo saludó al francotirador de miradas, que respondió alzando su taza de té. Estaba feliz, todo seguía girando, la luz resaltaba la belleza del mundo, ese que se podía sentir a través de una ventana abierta.
Sin embargo, las ventanas del fabricante de alas de mariposas estaban cerradas a cal y canto. Recordó con una sonrisa en los labios las horas interminables de ajedrez, brandy y discusiones políticas con aquel hombrecillo cuya sabiduría era inversa a su estatura circense. Volvió en sí y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. De repente, cayó en la cuenta que el mundo no se paró para el resto durante sus tres meses de reclusión… Él no era el Mundo, era sólo una ínfima parte de él…¿Qué habrá sido del fabricante de alas de mariposas?. Su mirada se posó en Anna pero ahora, le parecía que la luz no tenía la misma intensidad que antes. Se dio la vuelta y sus ojos quedaron clavados en el manuscrito. ¿Tres meses de vida?-pensó.
Llegó el atardecer y el astro rey se fue escondiendo poco a poco por entre las montañas que rodean la ciudad. Antes del azul marino que antecede la dulce noche, el sol le regaló una paleta anaranjada decreciente hacia un transparente cían. Inmóvil en la ventana, respiró profundamente…“Hay luz en la casa del fabricante de alas de mariposas…”. Soltó la pétrea taza y salió a la calle, el mundo volvió a girar de nuevo…


jueves, 25 de abril de 2013

ENCUENTRO CON ALUMNOS DEL INSTITUTO "VIRGEN DE LA CABEZA" DE ANDÚJAR

 El viernes 19 de abril tuve la oportunidad de compartir unas horas con algunos alumnos del Instituto "Virgen de la Cabeza" de Andújar, en las que hablamos sobre algunos cuentos del libro "Cuentos hechos con retales". En especial charlamos en torno al relato "El héroe". Entre todos intentámos averiguar el porqué de la actitud tan vengativa del protagonista. Con respecto a este tema, había respondido antes a unas cartas que me enviaron, en las cuáles aconsejaban a dicho personaje qué debía hacer para dejar a un lado su actitud tan vengativa y rencorosa. Os dejo a continuación algunos de los extractos.

“Ya que en la vida hay cosas muy bonitas, por las que ser felices y no tener que hacer daño a nadie” 
Loli García Gómez

“Luché por lo que quise, fui saltando cada obstáculo que me fui encontrando  y así me hice más fuerte”  Ana María Pastor Lara

“Podríamos ir de copas o al cine para que no te sintieras  tan mal y comenzarás a disfrutar de las cosas buenas de la vida”  Juan Manuel Herrera Expósito

“Debes salir de tu casa, intentar relacionarte con las personas y abrirte a esas personas contando lo que te pasa, que seguro que te ayudan.” Alejandro Boiso

“La pistola que cogiste no te hace más feliz porque la lleves en las manos, porque sientas frío en las manos…”  Paco

“Todo el mundo tiene problemas, unos más, otros menos pero nunca se debe encerrar en ellos, todo lo contrario. Hay que buscar algo que nos aporte felicidad, conocer gente y si crees en el amor ¡búscalo!"  María del Carmen Martínez

“No hagas tonterías como esa e intenta relacionarte más, de esa manera conocerás a más gente y empezarás a salir con los amigos y disfrutar de la vida” Francisco Verdejo Zambrano

“Tras plantarle cara a la persona que le estaba apuntando con la pistola, pienso que se dio cuenta que el tenía que ser más fuerte y afrontar las cosas pasara lo que pasara.”  Jonhattan Expósito Martínez

“Si te llenas de ira y tristeza, haces cosas de las que luego te arrepentirás” Guillermo Quintero

Hay algunas de las cartas que aún no me han llegado, aunque espero que lo hagan pronto, y las responderé lo antes posible. Espero que pronto pueda repetir esta experiencia tan gratificante y que además podamos entre todos concluir ese cuento que quedó pendiente por escribir entre todos.


 Como todos en la vida hemos sido alguna vez alumnos, y de hecho durante toda nuestra vida no dejamos de hacer cosas, le dedico esta entrada a todos los alumnos (y alumnas) con los que compartí esa charla tan enriquecedora y por supuesto, también a Rocío, ¡gran profesora y futura mamá¡
 ¡Espero que nos volvamos a ver pronto!.

Primera parte de "El héroe"
Segunda parte de "El héroe"